Neri Oxman y MIT desarrollan biocomposites programables para la fabricación digital

Neri Oxman y MIT han desarrollado biocompuestos a base de agua programables para diseño y fabricación digital . Nombrado Aguahoja , el proyecto ha exhibido un pabellón y una serie de artefactos construidos a partir de componentes moleculares que se encuentran en las ramas de los árboles, exoesqueletos de insectos y nuestros propios huesos. Utiliza los ecosistemas naturales como inspiración para un proceso de producción de material que no produce residuos.
"Derivado de materia orgánica, impreso por un robot y moldeado por el agua, este trabajo apunta hacia un futuro donde el adulto y el hecho se unen".
El modelo de información de fabricación y la química paramétrica se proponen como marcos a través de los cuales el diseñador puede controlar la composición, la forma, el comportamiento y la alteración de la materia en función de la ingeniería de materiales. Los biocomposites sintonizables se fabrican mediante composición molecular variable y deposición adaptativa. Las propiedades mecánicas y ópticas resultantes se utilizan luego como entradas para el diseño computacional y la fabricación digital en diferentes escalas, lo que promueve la integración total entre la plataforma de fabricación robótica, el modelado de materiales y la generación de formas.
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La naturaleza nos hizo con 50% agua. Con el agua, las ecologías naturales facilitan la personalización de las propiedades físicas y químicas de un organismo, a través del crecimiento y la biodegradación, en función de las limitaciones biológicas y ambientales. Este ciclo de nacimiento, adaptación y decadencia permite a los ecosistemas utilizar materiales a perpetuidad. En los bosques antiguos y los arrecifes de coral, los residuos son prácticamente inexistentes. Dentro de este marco, la materia producida por un miembro de un ecosistema, vivo o no vivo, inevitablemente alimenta el ciclo de vida de otro. El resultado es un sistema alimentado por agua con una eficiencia sin precedentes en el uso de energía y recursos.
Por el contrario, el entorno construido se compone de objetos artificiales e inanimados que están diseñados para realizar un conjunto finito de funciones predefinidas. El ritmo al que construimos estas estructuras nos ha exigido extraer materias primas de la tierra y adaptarlas lejos de sus hábitats nativos más rápido de lo que se pueden reponer. 
Cuando su función se cumple o sobrevive, se convierten en residuos permanentes en nuestros rellenos sanitarios y océanos. En caso de mal funcionamiento o degradación, la mayoría de los plásticos, maderas, vidrio y metales nunca se reciclan.
Aguahoja recapitula la inteligencia material de la naturaleza en las formas en que diseñamos y fabricamos el entorno cultivado. Los artefactos biocompuestos ambientalmente sensibles están compuestos por los materiales más abundantes de nuestro planeta: celulosa, quitosano y pectina. Estos componentes están compuestos de forma paramétrica, funcionalmente graduados y fabricados digitalmente para crear compuestos biodegradables con gradientes funcionales, mecánicos y ópticos en escalas de longitud que van desde milímetros a metros. En la vida, estos materiales modulan sus propiedades en respuesta al calor y la humedad; en la muerte, se disocian en agua para alimentar una nueva vida. 
En el nivel local, estas relaciones sirven como entradas de diseño paramétrico para algoritmos que generan patrones geométricos graduados basados ​​en las propiedades del material. Estos patrones sirven para mejorar o contrarrestar los comportamientos ópticos y mecánicos dentro de áreas de la estructura específicas para el ambiente. Derivado de materia orgánica, impreso por un robot y moldeado por el agua, este trabajo apunta hacia un futuro en el que lo crecido y lo hecho se unen.
Aguahoja incorpora el enfoque del diseño de la ecología material para la formación de materiales y la descomposición del diseño; es una realización del antiguo versículo bíblico "Del polvo al polvo", del agua al agua.
La investigación continua sobre la aplicación de biocomposites sensibles al medio ambiente ha llevado a la primera interacción a escala arquitectónica de la serie Aguahoja. Con una altura de cinco metros, la piel de la estructura se compone de un biocompuesto flexible con propiedades mecánicas, químicas y ópticas graduadas funcionalmente.
La deposición robótica de celulosa y quitosano permite la creación de un patrón de superficie generativo que altera la rigidez y el color de los paneles en respuesta a parámetros ambientales como el calor y la humedad. Cuando se expone a la lluvia, este biocompuesto de la piel se degrada programáticamente, restaurando sus componentes básicos a su ecosistema natural, continuando así los ciclos de recursos naturales que permitieron su síntesis. Incluso pequeñas alteraciones en la composición molecular de los biocompuestos pueden tener un impacto dramático en su apariencia y comportamiento. Los artefactos Aguahoja representan años de exploración en la parametrización de la química del material para desarrollar una biblioteca de biocompuestos funcionales.
Las piezas de esta colección son diversas en apariencia, pero todas están compuestas de los mismos componentes;Chitosan, celulosa, pectina y agua.
El conjunto de formas y comportamientos exhibidos por estas piezas refleja la manera en que se expresan en la naturaleza, donde un material como la quitina puede componer tanto los exoesqueletos de los crustáceos como las paredes celulares de los hongos. A diferencia del acero y el hormigón, los materiales compuestos formados por estos materiales están en constante diálogo con su entorno. Algunos artefactos muestran cambios dramáticos en la conformación en respuesta a la humedad y el calor, mientras que otros se oscurecen o se iluminan a medida que cambian las estaciones. Algunos son frágiles y transparentes con una textura vidriosa, mientras que otros permanecen flexibles y resistentes como el cuero. A pesar de su diversidad emergente, estos artefactos comparten una calidad común: en la vida, sus propiedades están mediadas por la humedad; En la muerte se disocian en el agua y vuelven al ecosistema.

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